
Son casi las doce de la noche. Vuestro hijo de dos años, que llevaba horas dormido, empieza de pronto a gritar. Entráis corriendo en su habitación y lo encontráis sentado en la cuna, con los ojos abiertos, sudando y muy agitado, pero no os mira ni responde cuando le habláis.
Intentáis cogerlo en brazos y, lejos de calmarse, parece ponerse peor. Unos minutos después, sin que hagáis nada especial, se tumba solo y vuelve a dormir como si nada hubiera pasado. A la mañana siguiente no recuerda absolutamente nada.
Si habéis vivido una escena parecida, lo más probable es que se trate de un terror nocturno. Asusta verlo, pero casi siempre es un episodio benigno y pasajero. En este artículo os explicamos qué son los terrores nocturnos, en qué se diferencian de las pesadillas, por qué aparecen en los niños pequeños y, sobre todo, qué podéis hacer cuando ocurren.
¿Qué son los terrores nocturnos?
Los terrores nocturnos son una parasomnia, es decir, un fenómeno que sucede durante el sueño. En concreto, se clasifican como un trastorno del despertar y aparecen en la fase de sueño profundo (no REM), normalmente en el primer tercio de la noche, una o dos horas después de que el niño se haya dormido (Asociación Española de Pediatría, 2022).
Durante el episodio, vuestro hijo puede gritar, llorar, sudar, respirar deprisa y mostrarse muy inquieto. Es habitual que tenga los ojos abiertos, pero en realidad no está despierto del todo: no responde a vuestra voz, no os reconoce y no se deja consolar. El episodio dura unos minutos y termina de forma espontánea, con el niño volviendo a un sueño tranquilo. La clave que más sorprende a las familias es que, al despertar, no recuerda nada de lo ocurrido.
Terrores nocturnos o pesadillas: cómo diferenciarlos
Es muy frecuente confundir ambos fenómenos, pero no son lo mismo y conviene saber distinguirlos, porque se manejan de forma distinta. Estas son las diferencias principales:
Momento de la noche
Los terrores nocturnos ocurren en la primera parte de la noche, durante el sueño profundo. Las pesadillas aparecen en la segunda mitad, durante la fase REM, cuando los sueños son más intensos.
Grado de despertar
En un terror nocturno, el niño no llega a despertarse y no responde a lo que le decís. Tras una pesadilla, en cambio, se despierta de verdad, asustado, y os busca para que lo consoléis.
Recuerdo
El terror nocturno no se recuerda. La pesadilla sí: si ya habla, vuestro hijo puede contaros qué le ha dado miedo.
Consuelo
Durante el terror nocturno, intentar calmarlo o cogerlo en brazos suele aumentar su agitación. Después de una pesadilla, vuestra cercanía y vuestras palabras lo tranquilizan.
¿Aparecen los terrores nocturnos en bebés de 0 a 3 años?
Aquí conviene ser precisos. Los terrores nocturnos propiamente dichos suelen empezar más adelante, sobre todo a partir de los dos años y medio o tres, y son más habituales en la etapa preescolar. Antes de los 18 meses son poco frecuentes.
¿Significa eso que en los más pequeños no pasa nada parecido?
No. En los bebés y los niños de la etapa de escuela infantil, lo más común dentro de este grupo son los llamados despertares confusionales, que pertenecen a la misma familia de fenómenos del sueño profundo (Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, s. f.).
El niño emite sonidos, hace muecas, se mueve o se queja, parece despierto, pero no responde ni os reconoce, y no recuerda el episodio al día siguiente. Como veis, se parecen mucho a un terror nocturno y, en la práctica, se manejan igual.
El mensaje tranquilizador para las familias con hijos de 0 a 3 años es este: estos despertares forman parte del desarrollo normal del sistema nervioso de vuestro peque, que todavía está madurando la manera de transitar entre las fases del sueño. No son una señal de que algo vaya mal.

¿Por qué se producen los terrores nocturnos en niños pequeños?
La causa de fondo es esa inmadurez del cerebro infantil para gestionar el paso de una fase del sueño a otra. Sobre esa base, hay factores que hacen más probable que aparezca un episodio:
- Falta de sueño y sobrecansancio. Un niño que duerme poco o que ha tenido un día agotador es más propenso a estos despertares.
- Horarios irregulares. Acostarse a horas muy distintas cada noche fragmenta el sueño.
- Fiebre y enfermedad. Es habitual que los episodios se disparen las noches en que vuestro hijo está malito o tiene fiebre.
- Cambios y estrés. La llegada de un hermano, una mudanza o la adaptación a la escuela infantil pueden influir.
- Componente familiar. Estos fenómenos del sueño tienden a repetirse entre miembros de una misma familia.
Cómo actuar durante un terror nocturno
Cuando estéis delante de un episodio, lo más eficaz suele ser hacer poco y bien:
- No intentéis despertarlo. Despertar al niño en mitad de un terror nocturno suele aumentar su confusión y su agitación, y alarga el episodio.
- Mantened la calma. Aunque la escena impresione, recordad que no le está pasando nada peligroso y que pasará solo en unos minutos.
- Velad por su seguridad. Quedaos cerca para evitar que se caiga o se golpee, sobre todo si se mueve o si ya duerme en cama.
- Bajad los estímulos. Hablad poco y en voz baja, con luz tenue. No lo sujetéis con fuerza ni le hagáis preguntas.
- Esperad a que pase. El niño se calmará y volverá a dormir por sí mismo. A la mañana siguiente no hace falta sacar el tema ni darle importancia delante de él.
Cómo prevenir los terrores nocturnos
No siempre se pueden evitar, pero unas rutinas cuidadas reducen su frecuencia:
- Mantened un horario de sueño regular y una rutina previa relajante, siempre parecida.
- Aseguraos de que vuestro hijo duerme las horas que necesita y, si hace falta, recuperad la siesta para que no llegue a la noche sobrecansado.
- Cuidad el ambiente antes de dormir: actividades tranquilas, sin pantallas y sin sobreexcitación.
- Vigilad la fiebre cuando esté enfermo, porque es uno de los desencadenantes más habituales.
- Si los episodios se repiten casi a la misma hora cada noche, existe la técnica del despertar programado: despertar suavemente al niño unos 15 minutos antes de la hora habitual del episodio durante varias noches seguidas. Conviene comentarla antes con vuestro pediatra (Asociación Española de Pediatría, 2022).
Cuándo consultar con el pediatra
La gran mayoría de los terrores nocturnos y los despertares confusionales son benignos y desaparecen solos a medida que el niño crece. Aun así, merece la pena consultar con el pediatra si los episodios son muy frecuentes, muy prolongados, si os generan dudas o si se acompañan de signos como ronquidos intensos o pausas en la respiración mientras duerme, ya que en algunos casos conviene descartar otras causas (Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, s. f.).
Ver a vuestro hijo gritar sin reconoceros es una de las experiencias que más asustan en estos primeros años. La buena noticia es que, en la inmensa mayoría de los casos, no hay nada que temer: son episodios pasajeros, propios de un cerebro que está aprendiendo a dormir.
Con unas rutinas estables en casa y en la escuela, suficiente descanso y mucha paciencia por vuestra parte, esas noches irán quedando atrás.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de vuestro pediatra.
Referencias
American Academy of Pediatrics. (2023). Pesadillas, terrores nocturnos y sonambulismo en niños: cómo pueden ayudar los padres. HealthyChildren.org.
Asociación Española de Pediatría. (2022). Trastornos de sueño en niños. En Protocolos diagnóstico-terapéuticos de la AEP.
Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. (s. f.). Parasomnias. Familia y Salud.



